Bonna notte con Laura, el halcón

 

Laura, era una halcón muy especial porque entre otras muchas cosas le encantaba jugar y hacer felices a los demás.

En el valle verde, si necesitabas que alguien te escuchara, silbabas y allí estaba Laura, el halcón, a tu lado.

Ave de lira, amiga de Laura, te lo puede contar también. Para el ave de lira, Laura es una de las amigas con quien más emociones ha vivido: alegría, ilusión, enfado, sorpresa, celos, confianza, entusiasmo…pero esta es otra historia.

Ese día, en un rincón de la Rioja del valle verde, junto a un molino y un ciruelo rojo, Laura sentía que quería volar de una forma especial. Quería volar pintando al mismo tiempo el cielo para que todo el valle lo viera.

Su pelaje era muy brillante. Cuanto se sentía libre y volaba, sobre el cielo y las montañas, los pueblos o el mar dibuja en el cielo una estela de pintura de luz. Es tan especial que cuando sucede si elevas la nariz y hueles el cielo recuerda el olor a melocotón maduro.
Laura, acostumbraba a volar con ímpetu y eligiendo su rumbo, sintiéndose plena y feliz y dejando muy agradables sorpresas donde se posaba.

Ese día era distinto. Sentía un poco de vergüenza al reconocer que era distinto, pero también era muy sabia y era consciente del proceso que estaba viviendo al mismo tiempo. Miró su propio cuerpo, como lo solía hacer cuando jugaba en la infancia, se miró a sí misma a los ojos y supo reconocer lo que necesitaba. Entonces, en el lago de Paja donde se estaba mirando a modo de espejo, que así se llamaba, escribió con su pico en el agua: «Necesito volar expresando mi identidad auténtica. Necesito ayuda».

– ¿Cómo estás? – Le preguntaban.
– En proceso – escribía sintiéndose acompañada.

Para ella, que acostumbraba a ayudarse a sí misma, pedir ayuda era un acto de coraje muy importante consigo misma.

Entonces, se impulsó en el mismo agua donde había dibujado y sus patas movieron el agua con todas las letras, hicieron una circunferencia en la superficie y en el fondo y las letras danzaron bajo el agua hasta quedarse posadas sobre una piedra morada bajo el lago.

En ese momento sabía que esas palabras que se quedaron posadas se contarían después en otra historia.

Laura, el halcón, echó a volar y fue a visitar a su amiga el ave de lira. Charlaron de muchas cosas y jugaron mucho porque les encantaba hacerlo. De tanto compartir y generar posibilidades de acción crearon juntas un dibujo al que llamaron «El poder de dar amor», un símbolo que cada vez que lo veían recordaban la capacidad de cada una de dar amor como un superpoder recordando que se puede dar en muchas direcciones.

Era tan valioso que lo grabaron en una rama de un árbol con su pico.
Después de visitar al ave de lira echó a volar. Quería expresar y que todo el valle mirara el cielo admirando el brillo y danzar esa expresión pulsante con ojos abiertos y cerrados, con placer e identidad. Así lo hizo! Sabía como hacerlo. Era maravilloso verla volar y todo el mundo sonreía y ella les miraba también con gratitud y valoración. Y cuando les guiñaba el ojo desde lo alto con esa complicidad salía de sus alas esa pintura blanca y todo el pueblo la recogía con sus cestas para poner iluminación en su hogares.
En un momento se posó en lo que desde el cielo parecía una roca marrón, pero cuando se posó se empezó a hundir y hundir cada vez más. Su pata quedó atrapada. ¡Era barro húmedo!

Miró a su alrededor y no había nadie. No estaba el ave de lira, ni la lechuza, ni la loba..solo ella y el barro. Un montón de pensamientos y emociones le vinieron de repente. Ella los aceptaba sin más pero aceptar solamente no le servía. ¿Qué podía hacer?

En ese momento difícil tuvo una idea que le salió del instinto, una idea primitiva de acción espontánea. Empezó a moldear el barro. Todo su brillo y el color blanco de su pelaje se llenó de barro y empezó a crear una escultura ascendente, una figura que cada vez se asemejaba a una danza y cada vez le quitaba el pozo en el que estaba metida. Cuanto más moldeaba, más salía del pozo, del barro movedizo.

Laura, se iba sintiendo cada vez más libre y cada vez más a salvo. Casi sin darse cuenta ya estaba segura.

Miró a la escultura de barro y la escultura la miró a ella y se dió cuenta que era una danza de agua, de amor, sabiduría y vida. ¡Laura se sentía viva!

Respiró y agradeció como la vida entraba en su cuerpo. Una respiración pulsante.

Aprendió que lo oscuro se puede transformar con luz propia. Se sentía tan feliz que tenía ganas de disfrutar y explorar la vida. Se comió un bollo de zanahoria de los que tanto le gustaban y se fue a bailar con todo el valle por todos los espacios, además felices de haber recibido la luz del halcón.

¡Baila conmigo como si fuera la tribu! – Cantó una persona del valle. Y bailaron juntos esa noche alrededor del fuego. Distintos tonos y distintas formas de cantar. Después fue contracorriente en el rio hasta encontrar dos cascadas. Y luego siguió el curso del río le vino a la cabeza una canción: «En un rincón de la Rioja movió el aspa de un molino mientras se hechizaba el vino que bebió tu boca roja…» y así cantó y cantó y le vino un gran deseo de besar. Y besó todo lo que encontró: besó los árboles, beso el agua, la tierra, la aire, el fuego…¡Y tenía ganas de acariciar! Porque el contacto era su naturaleza cotidiana. Se podía decir que era un ave especial de contacto.

De repente, con esa felicidad, le llegó un olor a aceite de oliva y se acordó que unos amigos suyos vivían cerca de ese molino. Se posó en la ventana de ese hogar y tras ella escuchó: «Dove tiamo frattelo?» (traducción en italiano: donde estamos, hermano?). Andiamo a cocinar!?

Se rieron de complicidad y ella también tras la ventana porque se acordaron de experiencias que habían vivido juntos.
Llamó a la ventana con ganas de entrar y disfrutar de ese erotismo del interior. Dentro, se transformó en humana con piel. Wow! Era estupendo! Ese paraíso inocente de mojar pan en aceite de oliva! Placer y risas, humor e inocencia.

Descansó esa noche dulcemente.

Al día siguiente, seguía motivada de disfrutar. Paseó entre unos frutos rojos muy ricos, se hizo fotos sobre balas de paja, comió ciruelas y vio estrellas fugaces y un día más, caminando con su amiga el ave de lira, ambas luminosas, se iban contando secretos en forma de cuentos como éste.

– ¿Sabías qué?
– ¿Qué? – Preguntó el ave de lira con ilusión y ganas de aprender.
– Esto es un nogal.
– ¿De verdad?
– Síi

Ambas observaron el fruto con los ojos y la boca abierta sorprendidas de que aquel árbol podría ser un nogal.

Continuaron volando contándose el cuento.

Después de unas cuantas fotos bajo las manzanas, comer moras y oler flores, se asombraron de encontrar un melocotonero oloroso. Merendaron allí! Era abundante! Un arbol, otro árbol!

-¡Paraguayas!

Para mayor sorpresa se asombraron de aquel árbol que nunca habían visto y se reían del entusiasmo espontáneo de compartir la sorpresa.
Después volvieron del viaje a casa.

Y por el camino tocaron las ciruelas amarillas

– ¿Están ya maduras?
– Les queda un rato
– Vale, venimos luego. – Ambas rieron.

Esa noche, ave de lira le dejó sobre la almohada una nuez a su amiga el halcón. Esa nuez del nogal para que recordara que a veces las cosas son blandas para llegar a ser duras o son duras para llegar a ser blandas y que la progresividad de la vida es maravillosamente sorprendente.

Bonna notte

 

FIN

Sandra de Rivas (agosto 2015)

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